Rafael Vicente Correa Delgado

Biografía

Nació en Guayaquil, Ecuador; el 6 de abril de 1963) es un político y economista ecuatoriano.

Es el actual Presidente de la República del Ecuador desde el 15 de enero de 2007 luego de superar en segunda vuelta electoral el 26 de noviembre de 2006 al candidato Álvaro Noboa. Su mandato deba concluir el 15 de enero de 2011, pero la nueva constitución escrita por la Asamblea Nacional dictaminaba nuevos comicios generales para el 26 de abril de 2009, elección que también ganó pero ahora en primera vuelta con el 51.9% de votos contables, logrando que por primera ocasión desde 1979, un mandatario sea elegido sin tener que enfrentar la segunda vuelta. Por tanto, Correa concluyó su primer mandato el 10 de agosto de 2009 e inició el segundo el mismo da, concluyendo hasta el 2013. En Junio del 2009 en su gobierno el Ecuador ingreso al ALBA, bloque liderado por Hugo Chávez.

Hijo de Rafael Correa Icaza, nacido en Los Ros (Ecuador) el 23 de marzo de 1934 y falleció el 10 de junio de 1995, y de Norma Delgado Rendón, nacida el 1 de septiembre de 1939. Hincha del Club Sport Emelec.

Vida Personal

Está casado con Anne Malherbe Gosseline, profesora de nacionalidad belga nacida en 1969, a la que conoció en 1990 en la Universidad Católica de Lovaina, en la que Correa estudiaba con el beneficio de una beca escolar. Es padre de dos niñas y un varón: Sofía, Dominique y, el menor, Miguel.

Estudios

Correa, quien nació y se crio en un hogar de clase media baja, pudo realizar todos sus estudios primarios y secundarios en el colegio católico San José – La Salle de la ciudad de Guayaquil en el que se destaca por sus dotes de liderazgo como presidente de la Asociación Cultural Estudiantil Lasallana (ACEL) y dirigente por pocos años de Tropa del Grupo 14 “San José – La Salle” y posteriormente uno de los fundadores del Grupo 17 “Cristóbal Colón” de la Asociación de Scouts del Ecuador. Gracias a sus calificaciones académicas, obtuvo una beca para estudiar en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, un instituto particular en Ecuador, en el que finalmente se graduó de economista en 1987. En dicha universidad fue, además, presidente de la Asociación de Estudiantes de Economía, Auditora y Administración (AEAA) y, posteriormente, presidente de la Federación de Estudiantes de dicho centro universitario (FEUC). Después de su graduación país un año en una misión salesiana en Zumbahua (Cotopaxi), poblado rural de extrema pobreza, en donde, como voluntario, prestó labores de alfabetización de indígenas y desarrollo de microempresas. Durante este tiempo adquirió sus conocimientos de kichwa, lengua de indígenas del Ecuador. Correa recibió una beca para estudiar en Europa y logra un grado de Maestría en Economía en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica y mediante un intercambio académico auspiciado por la Universidad San Francisco de Quito, estudia en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, Estados Unidos hasta obtener el grado de PhD en 2001.

El título de su disertación doctoral fue “Tres ensayos acerca del desarrollo contemporáneo latinoamericano”. Su tesis era esencialmente que las reformas estructurales aplicadas en Latinoamérica a partir de los 80 fallaron en su cometido de fomentar el crecimiento. Mediante un análisis econométrico, Correa argumentó que las reformas no fueron causa del crecimiento, y que la liberalización de los mercados laborales perjudicó a la productividad de los pases latinoamericanos.
Vida política

Rafael Correa

Correa ha escrito varios ensayos contra la dolarización, a la cual ha calificado como un error técnico, al eliminar la política monetaria y cambiaria. En la contienda electoral se comprometió a mantenerla a lo largo de su mandato porque aseguró que, técnicamente, será “insensato” cambiar de moneda en estos momentos. Volvió a ratificar su compromiso por mantener la dolarización durante los cuatro años de su gestión tras el triunfo de la consulta popular del 15 de abril de 2007. No obstante, también ha mencionado la posibilidad de sustituir al dólar por una moneda regional sudamericana en el futuro.

Algunos analistas lo identifican con la denominada “izquierda nacionalista” de Hugo Chávez y Evo Morales, muestra también clara afinidad con los gobiernos de Luiz Incio Lula da Silva en Brasil, Michelle Bachelet en Chile y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina. Correa cuando candidato se autodefinió como un neodesarrollista y un “humanista cristiano de izquierda”, pero una vez Presidente se ha declarado abiertamente Socialista de la ultra izquierda, sin embargo, al mismo tiempo, dice no ser anti-capitalista y ha manifestado públicamente que simpatiza con los Estados Unidos. Parece proponer una política soberana y de integración regional de línea bolivariana, también conocida bajo el nombre de socialismo del siglo XXI, puesta en marcha por Chávez en Venezuela y Morales en Bolivia , sustentada teóricamente por el alemán Heinz Dieterich.
Campaña presidencial (2006)

A inicios de la campaña presidencial en 2006, Rafael Correa fundó el movimiento Patria Altiva i Soberana (PAIS).

En la campaña electoral calificó al presidente estadounidense George W. Bush de ‘tremendamente torpe que ha hecho mucho dado a su país y al mundo’. [7] Desde el inicio de su mandato mantiene cercanas relaciones con los gobiernos de izquierda de América Latina, particularmente con los de Argentina, Cuba, Venezuela, Bolivia, Brasil y Chile; aunque también tiene relaciones fluidas con el resto de los pases de la región, de manera particular con Per. Asistieron a su toma de posesión los presidentes de Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Haití, Irán, Nicaragua, Paraguay, Per, Venezuela, y la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), así como el Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón; varios Vice-Presidentes; y líderes de organizaciones internacionales, incluyendo el Secretario General de la OEA, José Insulza.

En plena campaña electoral en el Ecuador, Hugo Chávez identificó al candidato contrario a Correa, el magnate bananero Álvaro Noboa, como “un explotador de niños” basándose en los informes de UNICEF sobre trabajo y explotación infantil que denuncian las irregularidades en las bananeras de Noboa. En su discurso de toma de posesión, Correa se refirió a la necesidad de “la lucha por una Revolución Ciudadana, consistente en el cambio radical, profundo y rápido del sistema político, económico y social vigente,”. Correa triunfó en las elecciones presidenciales del 26 noviembre del 2006 con el 57% de los votos.

El Pleno del Consejo Nacional Electoral haba considerado una infracción a las normas de propaganda electoral emitidas el 4 de marzo, el jingle “Hey Jude” con música de los “Beatles” sobre la revolución ciudadana, que comenzó a pautar el régimen lo cual la sanción ser de 650.000$ dólares

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Alfredo Palacio González

Biografía

Su padre fue el conocido escultor ecuatoriano Alfredo Palacio, quien elaboró el monumento a la Revolución Liberal, con la figura de Eloy Alfaro, que fue ordenada por el Municipio de Guayaquil y que, tras un reasentamiento geométrico, se encuentra en el redondel que conecta al puente Rafael Mendoza Avilés y la Avenida Benjamín Rosales Aspiazu, en Guayaquil.

Miembro de las siguientes organizaciones científicas y médicas: New York Science Academy, Comunidad Científica Ecuatoriana, Sociedad Médico-Quirúrgica del Guayas, Sociedad Ecuatoriana de Cardióloga y sociedades especialistas del Tórax, Pediatra, Radiología y Medicina Interna.

Datos

Realizó estudios primarios en el Instituto Particular Abdón Calderón. Sus estudios secundarios se realizaron en el colegio “La Salle”, en la ciudad de Guayaquil. Palacio se graduó en 1967 de la Universidad de Guayaquil como Doctor en Medicina, especializándose posteriormente en medicina interna, cardióloga y cirugía en EE.UU. Ha publicado obras científicas en el área de su especialización y se conoce que tiene interés en estudios científicos de carácter médico.
Ejercicio profesional

Cardiólogo en ejercicio privado. Su consultorio en Guayaquil cuenta entre sus clientes a los ex presidentes León Febres Cordero y Sixto Durán Ballén, así como otras figuras públicas de la política ecuatoriana.

De acuerdo a la página oficial de Carondelet, [1] Alfredo Palacio ha recibido múltiples reconocimientos: de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, de la Academia Ecuatoriana de Medicina, del Municipio de Quito, de American Medical Asociación, del Municipio de Guayaquil, del Ministerio de Defensa Nacional (Medalla al mérito Atahualpa, en el grado de Comendador), de la Defensa Civil de Ecuador y del Ejecutivo Ecuatoriano (Reconocimiento al Mérito, en el grado de Gran Cruz).

Actividad política

Ministro de Salud Pública

Fue Ministro de Salud Pública entre 1994-1996, durante el gobierno de Sixto Durán Ballén. Durante el conflicto fronterizo con Per, organizó el sistema de salud de emergencia, mereciendo una condecoración de parte de las Fuerzas Armadas.

Palacio no ha sido afiliado al partido político, por ello fue candidato independiente a la Vicepresidencia de la República, auspiciado por Sociedad Patriótica, en la fórmula Gutiérrez-Palacio en las elecciones de 2001.
Campaña electoral 2002

Después de que Lucio Gutiérrez recibí amnistía por los sucesos del 21 de enero de 2000, el ex militar formó el partido político Sociedad Patriótica, organización que llegó a un acuerdo programático con Pachakutik para una alianza electoral. Entre los puntos del acuerdo programático se incluía la reforma constitucional, el rechazo a la negociación de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con EE. UU., el establecimiento de un plan para la salida del puesto de avanzada de EE.UU. en la Base Área de Manta y el establecimiento de políticas públicas de corte izquierdista.

Como parte de la alianza, Gutiérrez consigue de los líderes indígenas de Pachakutik autorización para conseguir compañero de fórmula (candidato a vicepresidente) en la ciudad de Guayaquil, para lograr equilibrio regional Costa-Sierra. Palacio no fue el primer consultado, pero fue el único que aceptó correr la candidatura con Gutiérrez.

Dentro de la campaña, Palacio explotó su imagen de médico para promover la agenda de salud de la oferta electoral. La oferta concreta del candidato a vicepresidente era organizar un mecanismo que permitiera a todo ecuatoriano tener algún sistema de seguridad de salud (Aseguramiento Universal de Salud). Gutiérrez vistió traje verde para recordar al elector la expulsión de Mahuad y rememorar gobiernos militares del pasado. Aunque en los últimos años, Gutiérrez ha revelado que Palacio casi no participaba en campaña, se puede considerar que su imagen ayudó a insertar la candidatura en grupos moderados guayaquileños y manabitas.

Durante la campaña de segunda vuelta (ballotage), Palacio demostró mejores habilidades de comunicación que el vice-presidenciable de la otra lista, Marcelo Cruz (también médico); casi en la misma proporción como Gutiérrez era mejor que el presidenciable Álvaro Noboa en cuanto a capacidad de comunicación. Gutiérrez utilizaba un juego de palabras con los apellidos de su lista y de los contrarios al repetir que la gente gritaba en sus mítines: “Con Gutiérrez, al Palacio; pero con Noboa, a la cruz”.
Vicepresidencia de la República

Palacio asumió el despacho el miércoles 15 de enero de 2003. Gutiérrez asignó a la Vicepresidencia el área social, ciencia y tecnología, la prevención de desastres naturales, la planificación y le permitió designar el ministro de Salud (fue nombrado Francisco Andino, quien renunció meses ms tarde, en pugna con Palacio). En la práctica, el área social no estuvo a cargo de la Vicepresidencia, lo que motivó el primer roce entre Presidente y Vicepresidente.

Con el tiempo, Gutiérrez relevó a Palacio de todas esas responsabilidades, dejando nicamente en sus manos el manejo de Ciencia y Tecnología y el proyecto de Aseguramiento Universal de Salud. Los presupuestos anuales del gobierno entregaban exiguas partidas a estos proyectos, los cuales no pudieron avanzar (El Comercio)

Palacio culpa de las inflexibilidades presupuestarias a la existencia de fondos petroleros destinados a priorizar el pago de la deuda externa. De estos fondos petroleros, el ms conocido era el Fondo de Estabilización e Inversión de los Recursos Petroleros -FEIREP. El asesor económico de la vicepresidencia, Rafael Correa, haba estructurado un mecanismo para usar parte de los fondos del FEIREP para el aseguramiento universal y la inversión en ciencia y tecnología, pero la vicepresidencia no tena injerencia en la elaboración presupuestaria ni en la ejecución de las cuentas fiscales.

Después de la pugna soterrada de marzo de 2003, Palacio mantuvo un perfil bajo mientras Gutiérrez enfrentó el desgaste del gobierno, incluyendo la acusación de aportes electorales ilícitos por parte de un empresario sentenciado por narcotráfico que apoyó la candidatura a instancias de Palacio.

En octubre de 2004, se realizaron las elecciones seccionales en Ecuador, donde el partido del presidente Gutiérrez contó con la activa participación del primer mandatario. Este fue el origen de un intento de juicio político en el Congreso en contra de Gutiérrez, que permitió al entonces ministro de gobierno, Jaime Damerval, acumular diputados afines con base en compra de conciencias y ofertas burocráticas en el Ejecutivo. Grupos sociales que antes se identificaban con Palacio tomaron distancia del vicepresidente y del gobierno y organizaron un movimiento que participa en elecciones con el nombre de Movimiento Blanco (Su dirigente era el ex ministro Francisco Andino). Por su parte, el vicepresidente Palacio criticó que Gutiérrez se dedique a campaña electoral (Ver:

Durante el proceso previo al juicio político a Gutiérrez, se especuló que Palacio cabildeaba para lograr la destitución del Presidente. Un diputado del Partido Socialista del Ecuador denunció haber recibido una llamada del despacho vicepresidencial, pero esta versión fue desmentida por Palacio das ms tarde.

La mayoría adicta al gobierno gutierrista se salió de control en noviembre 25 de 2004, cuando destituyó sin fórmula de juicio a los vocales del Tribunal Constitucional y lo reorganizó con personas afines al gobierno. En aquella ocasión, Palacio indicó que, deliberadamente, se alejó del problema político, para dedicarse a sus actividades particulares

Gestión presidencial

Rebelión forajida y cada de Gutiérrez

El 4 de diciembre de 2004, la mayora simpatizante al presidente Gutiérrez emitió una resolución que destituía a los jueces de la Corte Suprema de Justicia y nombraba a sus reemplazos, a pesar de que el Legislativo no tena potestad para ninguna de esas acciones. La sesión del Congreso haba sido convocada expresamente por Gutiérrez para descabezar la Función Judicial: El diputado del MPD, Luis Villacís, ley la resolución elaborada con base en una extraña interpretación jurídica elaborada por el asesor presidencial, José Guerrero Bermúdez. A pesar de ello, el gobierno rechazaba ser responsable de la designación de esa Corte espuria. Los magistrados cesados por el Congreso fueron expulsados del edificio de la Corte Suprema con gases lacrimógenos y empellones de policías enviados por el Ministro de Gobierno, Jaime Damerval. En aquella ocasión, Palacio advirtió que deba rectificarse, pues la decisión haba concentrado todas las funciones del Estado, directa o indirectamente, en la persona de Lucio Gutiérrez, instalándose una dictadura. Textualmente haba dicho que: “Cuando se producen rupturas constitucionales es necesario rectificar con urgencia. Los acontecimientos de las últimas horas merecen esta atención”

Cuando la espuria Corte Suprema, bautizada como Pichi-Corte, orden la anulación de los juicios contra Abdalá Bucaram y otros políticos ecuatorianos exiliados en el Caribe, la ciudadana salió a protestar en mayor número. Placio entonces había tomado ya partido por la oposición y culpó a Gutiérrez por la instalación de la Corte espuria: “No es posible negar que la Corte y tribunales cuestionados tienen su origen en la sesión extraordinaria del Congreso del 8 de diciembre que usted convocó. Su responsabilidad para solucionar esta tragedia es ineludible”

El miércoles 13 de abril de 2005, el Alcalde de Quito, Paco Moncayo, líder una protesta en la capital ecuatoriana, que paralizó parte de la actividad productiva. Al ver que la ciudad no se alter del todo, Gutiérrez desde la protesta y dijo que todos quienes no protestaron con el Alcalde están a favor de su gestión. Esto motivó una protesta relámpago realizada en la noche del mismo da, organizada por una radio capitalina. Al día siguiente, Gutiérrez calificó a quienes protestaron frente a su casa como “grupo de forajidos”.

Esta denominación se convirtió en contraseña de orgullo y protesta contra el régimen gutierrista. Ver: Rebelión de los forajidos. El 15 de abril de 2005, Gutiérrez ordena la clausura de la Pichi-Corte de su inspiración y decreta estado de emergencia en Quito. Desde ese da, las protestas se desarrollaban noche tras noche en la capital y en varias otras ciudades. El miércoles 20 de abril, el Congreso Nacional suspendió su reunión en su edificio habitual (El auditorio del Banco Central del Ecuador, debido a que el Palacio Legislativo se incendió), para reiniciarla en CIESPAL (Centro Internacional de Estudios Superiores en Periodismo para América Latina, organización no gubernamental), donde procedieron a reemplazar al Presidente del Congreso (también afán a la gestión de Gutiérrez) y a resolver que Lucio Gutiérrez haba abandonado su cargo como Presidente en cuanto comenzó a actuar como dictador.
Presidencia de la República

Alfredo Palacio fue juramentado Presidente Constitucional de la República en el auditorio de CIESPAL por la primera vicepresidenta del Congreso, Cynthia Viteri (PSC). No fue investido con la tradicional banda presidencial, dada la premura del evento. En su discurso inaugural, prometió retomar la agenda izquierdista abandonada por Lucio Gutiérrez, llevar a cabo la reforma política ofrecida por gobiernos anteriores para eliminar la injerencia política en la administración de justicia y priorizar la inversión social por sobre el pago de la deuda externa.

Frase ms conocida de su discurso: “Hoy refundamos este país, (…) un país que abra las blancas escuelas, los limpios hospitales…”. En la misma posesión ofreció combatir la impunidad: “El pueblo del Ecuador terminó la dictadura, la inmoralidad, la prepotencia, el terror, el miedo () ha decidido fundar una República de esperanza, en cuyas calles y caminos florezca y reine la dignidad, la equidad y la alegra () Además de refundar la República, les ofrezco que no habrá perdón ni olvido para las personas que han quebrantado la Constitución, para los opresores que han reprimido al pueblo, para todos aquellos que no han respetado la cosa pública”. .

Después de su posesión y de una accidentada rueda de prensa, salió al balcón de CIESPAL, donde manifestantes quiteños exigieron que ordene el cierre del Congreso. Palacio se negó. Durante ms de 12 horas, Palacio estuvo encerrado en un subsuelo de CIESPAL a la espera de que los manifestantes abandonen el edificio, que fue objeto de vandalismo como rechazo al Legislativo (De hecho, varios diputados fueron agredidos y obligados a renunciar).

Ya en el gobierno, integró un gabinete principalmente con ciudadanos alejados de la política activa, principalmente ciudadanos de avanzada edad, aunque haba también ministros jóvenes. La primera preocupación de la administración Palacio fue evitar victimizar al ex mandatario Lucio Gutiérrez, quien maniobró para llegar a la residencia del Embajador de Brasil y pidió asilo político, el cual fue aceptado. Gutiérrez voló a Brasil a los pocos das de concedido su asilo, a diferencia de lo que haría en su tiempo Gutiérrez, cuando impidió la salida del ex mandatario Gustavo Noboa cuando esté recibió asilo en la embajada de República Dominicana. Palacio recibió apoyo en su ciudad natal y después de dedicó a implementar una reforma política que incluía armar una nueva Corte Suprema, independiente de partidos e intereses.

Principales políticas públicas de la Administración Palacio:

1. Intentó llevar a cabo una reforma política, para lo cual intentó varias alternativas:

1.1 Recopiló sugerencias de ciudadanos a través de una línea 1-800, cartas, internet y llamadas a radios comunitarias.

1.2 Envió un pliego de preguntas al Congreso para buscar que se autorice una consulta popular.

1.3 Realizó una alianza con el partido Izquierda Democrática para obtener aprobación de una consulta popular por parte del Legislativo.

1.4 Pidió al Tribunal Supremo Electoral (TSE) convocar a una consulta popular para la instalación de una Asamblea Constituyente.

1.5 Orden al TSE convocar a una consulta popular para la instalación de una Asamblea Constituyente.

1.6 Envió al Congreso un proyecto de reforma constitucional para convocar directamente a consulta popular.

2. Intentó implementar un sistema de aseguramiento universal de salud (AUS), que se concretó en tres ciudades. Quito, Guayaquil y Cuenca por convenio con sus Municipios y utilizando un dolor del Bono de Desarrollo Humano.

3. Llevó adelante negociaciones con EE.UU. para la firma de un Tratado de Libre Comercio, bajo estándares de soberana.

4. Envió una reforma legal al Congreso para integrar la Corte Suprema de Justicia, que fue denominada “La Corte Ideal”.

5. Envió una reforma legal para cambiar la forma de juzgamiento de los presidentes de la República.

6. Envió a través del Ministro de Economía Rafael Correa, una ley que eliminó el fondo petrolero FEIREP y lo sustituyó por una cuenta especial en el presupuesto, denominada CEREPS. Registro oficial 69 del 27 de julio de 2005

7. Creó un fondo petrolero denominado FEISEH, para priorizar inversiones en electrificación e inversión en explotación hidrocarburfera.

8. Envió a través del Ministro de Economía y Finanzas, Diego Borja, una ley para reformar los contratos petroleros en cuanto a las utilidades excesivas de operadoras petroleras. Diego Borja también insistió que en el reglamento de la Ley no se diluyera la participación del Estado en los ingresos petroleros. Registro Oficial 257 del 25 de abril del 2006.

9. Orden una consulta popular para establecer políticas de estado en cuanto a: educación, salud e inversión de excedentes petroleros.

10. Detuvo el proyecto de Álvaro Uribe Vélez de inmiscuir a Ecuador en el Plan Colombia.

11. Fortaleció las relaciones Sur-Sur con viajes suyos a Nigeria y de su canciller a India

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Ing. Lucio Gutiérrez Borbúa

23 de marzo de 1957, Quito, provincia de Pichincha.

Tercero de los seis hijos de un agricultor y una enfermera, nació en la capital del país, aunque se crió en la cercana Tena, cabeza de la provincia de Napo. En esta ciudad del Oriente ecuatoriano recibió la educación primaria, en la Escuela Santo Domingo Savio, y empezó la secundaria, en el Colegio San José.

Seguramente bajo la influencia de sus ascendientes maternos (un tío, Raúl Borbúa, alcanzó el rango de general), resolvió emprender la carrera militar, así que interrumpió su formación escolar en Tena y se inscribió en el Colegio Militar Eloy Alfaro de Quito, donde terminó el bachillerato y en 1977 se graduó con el grado de subteniente del arma de Caballería. También como el primero de su promoción, una casuística del liderazgo y la antigüedad que, según aseguran las biografías difundidas por los medios de comunicación y él mismo en las entrevistas, ha marcado la pauta en su currículum militar hasta su salto a la política a raíz de la rebelión de enero de 2000 y su meteórico ascenso hasta la Presidencia de la República dos años después.

Su hoja de servicios como oficial del Ejército ecuatoriano empezó a tomar forma por la época, 1979, en que los militares, luego de los gobiernos de facto del general Guillermo Rodríguez Lara y, desde 1976, del almirante Alfredo Poveda Burbano, resolvieron retornar a los cuarteles y restituir la dirección del país sobre bases democráticas a los políticos civiles, a quienes habían arrebatado el poder en 1972. En las dos décadas siguientes, Gutiérrez, casado con Ximena Bohórquez Romero y padre de dos hijas, se labró un perfil de militar multidisciplinar, con méritos en la capacitación para el combate y misiones operacionales, la instrucción académica o la práctica deportiva, destacándose sobre todo en el segundo campo.

Así, según su biografía oficial, además de recibir adiestramiento como comando de las Fuerzas Especiales y de ganar campeonatos de pentatlón militar en el Ecuador y Sudamérica, posee los títulos de: ingeniero civil, licenciado en Administración, diplomado en Alta Gerencia y diplomado en Liderazgo Estratégico, todo ello por la Escuela Politécnica del Ejército (ESPE) de Quito; licenciado por la Escuela de Educación Física del Ejército en Río de Janeiro; diplomado en Relaciones Internacionales y Defensa Continental por el Inter-American Defense College (IADC) de Washington (Estados Unidos); diplomado en Seguridad Nacional por el Instituto Nacional de Guerra de las Fuerzas Armadas ecuatorianas; y, diplomado en Ciencias Militares por la Academia de Guerra del Ejército de Quito, entre otros cursos de formación especializada.

Integró también el reducido grupo de militares ecuatorianos destacados en el contingente para Nicaragua del Grupo de Observadores de la ONU en América Central (ONUCA), que entre marzo de 1990 y enero de 1992 se encargó de verificar el desarme y la desmovilización de la Contra antisandinista y el respeto global del cese de hostilidades.

En enero y febrero de 1995, durante la presidencia del conservador Sixto Durán-Ballén y ostentando el grado de capitán, Gutiérrez estuvo movilizado a causa del conflicto bélico con el Perú en la región fronteriza del Alto Cenepa, en las estribaciones de la Cordillera del Cóndor, aunque no fue desplazado a la zona de los combates. Como oficial de zapadores de la Brigada Cóndor en Patuca, participó en tareas relacionadas con la dotación de servicios públicos a comunidades rurales, lo que le sirvió para tomar el pulso a las problemáticas del campesinado indígena y mestizo.

Año y medio más tarde Gutiérrez mostró su primer acercamiento a la política al aceptar el nombramiento de edecán, o ayudante de campo para las cuestiones del Ejército, del recién inaugurado presidente Abdalá Bucaram Ortiz, del Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE), ganador en las elecciones del 7 de julio de 1996 con un programa fieramente populista.

Cuando en los primeros días de febrero de 1997 el pronto malestar social por las medidas de ajuste económico, el estilo de gobierno arbitrario y las sugerencias de corrupción masiva del equipo dirigente derivó en un gigantesco movimiento de protesta exigiendo la dimisión de Bucaram, Gutiérrez desobedeció las órdenes recibidas de proteger, por la fuerza si fuera preciso, el Palacio Carondelet de Quito, sede del poder Ejecutivo, del acoso de la muchedumbre enfurecida, lo que coadyuvó al abandono por Bucaram del edificio y su traslado a Guayaquil para mayor seguridad, luego de que el Congreso, el 6 de febrero, resolviera cesarlo de sus funciones por “incapacidad mental”.

El nuevo jefe del Estado interino con mandato hasta agosto de 1998, Fabián Alarcón Rivera, mantuvo a Gutiérrez como edecán presidencial. Transcurrido aquel período, el militar se reintegró a sus labores convencionales en la milicia y asumió la comandancia del Grupo de Caballería de Cuenca. A Alarcón, por su parte, le sucedió Jamil Mahuad Witt, del partido centrista Democracia Popular (DP), quien también afrontó las protestas de la calle sin apenas período de gracia por sus drásticas recetas para recortar la inflación y el déficit fiscal y su programa de profundas reformas estructurales en la economía.

Todo este trasiego de gobiernos prematuramente fracasados o decepcionantes para la gran mayoría de la población, y muy especialmente para la legión de desfavorecidos y marginados en todas las facetas de la vida nacional que mostraba crecientes síntomas de hartazgo y desesperación por el nulo progreso -si no retroceso- en sus paupérrimas condiciones, parece que estimuló la reflexión y luego el activismo conspirativo de Gutiérrez, que hasta entonces, según se desprende de las reseñas biográficas difundidas por la prensa ecuatoriana, se había atenido al modelo de militar profesional y apolítico.

Él mismo revela que en marzo de 1999, cuando se preparaba para el ascenso a coronel, transmitió una misiva al Alto Mando criticando al Gobierno por desatender los problemas del Ejército, y que en noviembre siguiente, en otra iniciativa rayana en la insubordinación que tampoco trascendió fuera de los ámbitos castrenses, entregó un memorándum al jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Carlos Mendoza Poveda, en el que expresaba su oposición a la pretensión de Mahuad de incrementar los impuestos sobre la renta y el consumo y advertía que no se podía seguir “estrangulando al pueblo ecuatoriano” en tanto no se moralizara la función pública y se pusiera coto a la corrupción generalizada.

Más aún, el coronel demandaba una “revolución democrática” en el Ecuador a partir de un “diálogo cívico-militar” con espíritu regenerador y patriótico, tarea tanto más urgente por cuanto que “la descomposición social era evidente” y existía un “altísimo riesgo de entrar en una guerra civil”. Semanas más tarde, en diciembre de 1999, Gutiérrez culminó sus exámenes para coronel y en la ceremonia de recepción de despachos en el Instituto Nacional de Guerra no estrechó la mano a Mahuad a la vista de todo el mundo, incurriendo en una infracción de protocolo que constituía un desacato abierto a la primera autoridad del Estado.

Retrospectivamente, aquella proclama de Gutiérrez en favor del retorno de las Fuerzas Armadas a la gestión política del país con un talante nacionalista, estatalista, disciplinador y antioligárquico puede considerarse un aviso de lo que se pergeñaba, ya que todo indica que Gutiérrez, lejos de adherirse espontáneamente en enero de 2000 a la revuelta indígena sobre la marcha, planificó al menos desde noviembre el movimiento insurreccional junto con los coroneles Fausto Cobo, Luis Aguas, Gustavo Lalama y Jorge Brito, más la implicación incierta del general Mendoza, recién nombrado ministro de Defensa, y fuera de los cuarteles en estrecha coordinación con la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) que lideraba el quechua Antonio Vargas Guatatuca, la cual debía actuar como la punta de lanza del movimiento.

El desarrollo de los hechos fue como sigue. El 9 de enero Mahuad anunció la dolarización total de la economía ecuatoriana; suponía de hecho, como la congelación parcial de los depósitos bancarios de los particulares decretada meses atrás, una medida desesperada para estabilizar el tipo de cambio del sucre, cuya cotización con respecto a la moneda norteamericana estaba en caída libre, y para devolver la confianza de los mercados financieros, pero en un contexto social explosivo, que se nutría de la indigencia crónica de extensas capas de la población, sirvió de espoleta para el estallido definitivo. Vigente de nuevo el estado de emergencia nacional por las protestas callejeras en Guayaquil, Quito y otras ciudades, el día 12 un autodenominado “Parlamento Nacional de los Pueblos del Ecuador” llamó a la desobediencia civil y a la toma del poder.

Mahuad se negó a dimitir o a revocar el decreto de dolarización, pero el viernes 21 miles de indígenas reforzados por efectivos del Ejército de rangos inferiores y medios, en inopinada alianza, ocuparon los edificios del Congreso Nacional, la Corte Suprema de Justicia y la Contraloría General, y declararon cesantes los poderes del Estado. Fue en este momento de anarquía en que no se sabía muy bien qué estaba sucediendo cuando emergió Gutiérrez al frente de una autodenominada Junta de Gobierno de Salvación Nacional, flanqueado por Vargas y el magistrado Carlos Solórzano Constantine, ex presidente de la Corte Suprema.

Secundado por los coroneles arriba citados, que la Junta nombró para los puestos principales del Alto Mando militar, y por numerosos oficiales y suboficiales jóvenes de la Escuela Politécnica del Ejército y la Academia de Guerra, varios de ellos participantes en la guerra del Cenepa contra el Perú, Gutiérrez asumió la portavocía del movimiento y micrófono en mano declaró el inicio de “una lucha pacífica para romper las cadenas que atan a la más espantosa corrupción, para cambiar las estructuras del Estado y fortalecer las instituciones democráticas”.

Con posterioridad a los hechos, Gutiérrez justificó su rebelión como un acto de patriotismo ante una situación nacional crítica, ya que Mahuad “había perdido toda cualidad moral” para conducir el Estado por, según él, haber aceptado dinero empresarial y por haber antepuesto los intereses particulares de los capitalistas ecuatorianos a los intereses del pueblo desde el momento en que confiscó los ahorros.

Según el coronel, la asonada fue legítima en virtud de los artículos 3 y 97 de la Constitución ecuatoriana, que obligan, respectivamente, al Estado, a garantizar el sistema democrático y la administración pública libres de corrupción, y a todos los ciudadanos, a denunciar y combatir estos mismos actos de corrupción; puesto que Mahuad había “violado” la Carta Magna, concluía Gutiérrez, el Ejército se sintió compelido a intervenir porque había jurado defender aquella suprema ley.

A posteriori también, Gutiérrez desveló que medidas habría adoptado la Junta de haber permanecido más tiempo en el poder: reversión de la dolarización y, con carácter temporal, elevación del tipo intervenido de cotización de los 25.000 a los 13.000 sucres por dólar; inicio de procedimientos de extradición contra políticos y banqueros corruptos para “hacerles devolver el dinero que robaron del Ecuador y meterlos en la cárcel”; fiscalización, “casi inquisidora”, de todas las instituciones que recibían dinero público para cubrir sus agujeros financieros; levantamiento del sigilo bancario a todo funcionario público; creación de un cuarto poder del Estado, llamado de “control financiero” o de “rendición de cuentas”; y, una profunda reforma en los órganos del poder legislativo y judicial, reduciendo el número de diputados y despolitizando la magistratura.

Claro que entonces apenas hubo tiempo para conjeturas sobre los pasos a tomar por la Junta, porque en cuestión de horas la aventura de Gutiérrez y sus compañeros tocó a su fin. Antes de acabar el día y sin explicar las razones -lo que, de entrada, sugirió graves descoordinaciones y divisiones entre los militares-, la Junta fue sustituida por otro triunvirato denominado Consejo de Estado en el que Gutiérrez ya no figuró.

Su puesto fue ocupado por el general Mendoza, quien acto seguido procedió a reconducir la sublevación engañosamente triunfante a la situación precedente, lo que desde el punto de vista de los alzados constituyó un acto de “traición”. Según el testimonio autoexculpatorio del general, él se vio arrastrado a la sedición cuando Mahuad le exigió, el día 20, que empleara la fuerza para contener a las turbas antigubernamentales, lo que, en su opinión, agotó los “escenarios de rectificación” para dar a la crisis una salida dentro del orden establecido.

Con las seguridades recibidas de Mendoza y el Alto Mando, el día 22 el Congreso tomó las riendas de la crisis y le dio un cerrojazo institucional: declaró cesante a Mahuad por abandono de sus funciones e invistió al vicepresidente Gustavo Noboa Bejarano, un exponente de la élite política tradicional del mismo partido que Mahuad, presidente constitucional con mandato hasta el 15 de enero de 2003. Poco después, Mahuad, desde su escondite, comunicó su conformidad con el nombramiento de Noboa.

En resumidas cuentas, la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas y la clase dirigente civil se apresuraron a apuntalar el orden de cosas puesto en peligro por unos sectores sociales desde siempre marginados por las clases dirigentes blancas que creyeron conquistar el poder por la vía insurreccional y con la ayuda inestimable de Gutiérrez y su grupo de coroneles, los cuales fracasaron en convencer a todos los mandos por encima de ellos.

Gutiérrez y sus compañeros fueron inmediatamente arrestados y sometidos a las autoridades judiciales, civiles y militares. El 1 de junio llevaba más de cuatro meses encarcelado cuando el Congreso, a instancias del Gobierno de Noboa que deseaba apaciguar la tensa situación social por la reactivación de la protesta indígena y la escalada en los precios, aprobó una ley de amnistía para Gutiérrez y otros 16 oficiales, los cuales recobraron la libertad al día siguiente. Se trataba de una eximición ante las justicias civil y militar por los cargos de insubordinación y sedición, no ante la Comandancia General del Ejército, que aún debía dictar las sanciones disciplinarias correspondientes. Según un sondeo de opinión realizado poco antes, el 67% de los ecuatorianos rechazaba el enjuiciamiento de los oficiales implicados en la asonada de enero.

Sin perder un minuto, Gutiérrez se dejó entrevistar por la prensa local y extranjera para defender su actuación en los acontecimientos del 21 enero, negar que aquello fuera un “golpe” y adjudicarle la condición de “rebelión popular nacida de las entrañas mismas del pueblo ecuatoriano”, que, como “forma de autodeterminación de los pueblos”, la veía tan legítima como las revoluciones francesa, norteamericana y la propia de los ecuatorianos cuando la independencia de España a principios del siglo XIX.

Estos comentarios le acarrearon el 5 de junio un arresto de cuatro días por orden de la autoridad militar. Superado este último encontronazo con sus superiores uniformados, Gutiérrez se lanzó de lleno a la política, articulando un movimiento de apoyos para catapultarle a la Presidencia de la República en las elecciones de 2002, meta que, estaba convencido, estaba al alcance de su mano, no obstante ser un absoluto neófito en estas lides y, a priori, un rival no de talla para los líderes políticos consolidados, algunos empresarios multimillonarios que no iban a reparar en gastos para sufragar sus campañas.

El 10 de junio de 2000 Gutiérrez solicitó a la Comandancia General el estado de servicio pasivo en las Fuerzas Armadas. Una vez obtenido el pase a la reserva del Ejército, el 5 de julio presentó junto con algunos militares, policías y civiles que participaron en la asonada el partido Sociedad Patriótica 21 de enero (PSP). La primera parte del nombre aludía al fracasado alzamiento patriótico de 1809 contra los españoles, que prologó la verdadera independencia en 1822; la segunda parte dejaba constancia de la reciente “gesta heroica” en la que, en una “simbiosis maravillosa con el pueblo ecuatoriano”, su grupo de militares dio “horas de libertad, dignidad y autoestima” a ese mismo pueblo.

Gutiérrez explicó que su movimiento aspiraba a ser tan grande como los 12 millones de ecuatorianos -“sólo los corruptos” no tendrían acceso al mismo-, a traer “la segunda y definitiva liberación” del Ecuador y a “refundar el país” de manera pacífica y democrática y atendiendo a criterios morales, ya que el problema más grave que tenía la nación andina no era “el económico ni el social, sino el ético”. Indagado sobre el sustrato ideológico del PSP, Gutiérrez esquivó la atribución de cualquier etiqueta clásica de izquierda e insistió en que sólo se guiaba por la devoción a la patria y un sentimiento de unidad nacional que bebía del pensamiento y las acciones de los próceres de la independencia y, muy especialmente, del Libertador Simón Bolívar.

Su presentación como un “ferviente” seguidor de las ideas integracionistas bolivarianas enriqueció el cuadro de similitudes de Gutiérrez, por antecedente sedicioso y discurso regeneracionista, con el otrora teniente coronel y ahora presidente de Venezuela Hugo Chávez, quien en diciembre de 1998 arrolló en las urnas por acertar a capitalizar el profundo rechazo de la gran mayoría de la población venezolana a su clase política y a transmitir a la sociedad del país vecino un proyecto ilusionante. Gutiérrez mismo no se privó de expresar su admiración por el movimiento chavista -dos años después tan puesto en entredicho en Venezuela-, cuyo éxito en la implicación de los militares en la política y en el salto al poder por una vía democrática constituía para el coronel una referencia de primer orden.

La estirpe de militares progresistas tenía en el mismo Ecuador un notorio representante, el ya citado dictador Guillermo Rodríguez Lara, el cual dirigió entre 1972 y 1976 un régimen calificado de nacionalista y revolucionario que se asignó los objetivos de la reforma agraria, el control estatal de la explotación del petróleo, la plena explotación de los recursos naturales del país, el desarrollo educativo y el sometimiento de la oligarquía al poder popular, con resultados bastante discutibles. Como Gutiérrez 25 años después, Rodríguez Lara aseguraba carecer de ideología al uso.

Más cerca en el tiempo estaba el caso de Frank Vargas Pazzos, díscolo general de Aviación que provocó varias perturbaciones golpistas durante la Presidencia del conservador León Febres Cordero en 1986 y 1987; erigido en fustigador de corruptos en los estamentos civil y militar, Vargas se hizo muy popular por su talante, difícil de clasificar, a caballo entre el nacionalismo presuntamente regeneracionista, un machismo típicamente castrense y la admiración por los métodos de acción directa en lugar de las fórmulas legalistas y los cabildeos políticos.

Otro elemento de carisma de Gutiérrez tenía que ver con su tez morena, evocadora de un grado de mestizaje con el que, un poco al modo del presidente peruano Alejandro Toledo (no obstante presentar éste un tipo racial mucho mas acusado, de indígena quechua), podían sentirse más identificados esa gran mayoría de ecuatorianos mestizos e indígenas puros que desde la restauración de la democracia sólo habían conocido presidentes blancos de ascendencia española o libanesa.

En enero de 2001 Gutiérrez acompañó a Antonio Vargas en la nueva campaña de movilizaciones de la CONAIE contra las subidas de las tarifas de los servicios públicos y el IVA decretada por el Gobierno de Noboa, y en los meses siguientes multiplicó los actos públicos como preparación de su candidatura presidencial.

Para robustecer las posibilidades de pasar a la segunda vuelta en las elecciones del 20 de octubre, a lo largo de 2002 el coronel napeño pactó el respaldo de la CONAIE, ahora presidida por Leónidas Iza, y otras organizaciones y sindicatos, más sendas alianzas con los partidos políticos de izquierda Movimiento Unidad Plurinacional Pachakutik-Nuevo País (MUPP-NP), coordinado por Miguel Lluco y estrechamente ligado a la anterior en tanto que brazo político del colectivo indígena militante, y el Movimiento Popular Democrático (MPD), éste de tendencia marxista. También se fraguaron listas comunes con el Partido Socialista Ecuatoriano-Frente Amplio (PS-FA), de extrema izquierda, pero el acuerdo se rompió a los dos meses de firmarlo.

En el programa de Gobierno de Gutiérrez señorean dos puntos. En primer lugar, la lucha frontal e implacable, con características de cruzada, contra toda forma de corrupción y fraude económicos cometidos por funcionarios públicos, empresarios privados y financieros. En particular, propone una legislación especial para combatir la evasión tributaria, el contrabando aduanero y el trasiego ilícito de dinero entre los poderes públicos y la banca y la empresa privadas, amén de someter ante los tribunales de justicia ecuatorianos a los imputados por estos delitos refugiados en el extranjero y de aplicar penas draconianas, como la cadena perpetua para todo funcionario público hallado culpable de malversar fondos superiores a los 5.000 dólares.

El otro aspecto es la atención prioritaria, por delante de transformaciones como la privatización de los sectores eléctrico y de telecomunicaciones, a las cuestiones sociales, aliviando de cargas al ecuatoriano de a pie golpeado por la crisis y brindando servicios y oportunidades a los más desfavorecidos.

Entre las propuestas en este terreno, calificadas alternativamente de “izquierdistas” y “populistas” por sus detractores, figuran: la rebaja del IVA del 12% al 10%; el aumento de los gastos de educación hasta suponer el 30% del presupuesto total (tal como recoge la Constitución, que exhorta a erradicar el analfabetismo); el establecimiento de un seguro universal de salud; la dotación de vivienda subvencionada y vivienda prefabricada a cargo del Estado a cuatro millones de familias; y, una oferta de bonos específicos para cubrir las necesidades de los depauperados, los estudiantes, los agricultores, los pescadores y los artesanos.

Adicionalmente, Gutiérrez desea impulsar la creación de una Agencia de Garantías del Emigrante para atender todas las necesidades de este importantísimo colectivo y vigilar sus condiciones legales y laborales en los países de acogida (fundamentalmente Estados Unidos y España), de lo que se deriva la lucha contra el tráfico de personas.

En política exterior, Gutiérrez se presenta como un latinoamericanista convencido que desearía la articulación de un “gran frente continental” para presentar una propuesta global contra la hipoteca al desarrollo que supone la deuda externa y el resto de problemas compartidos por los estados del subcontinente, cuales son la pobreza, la corrupción, el narcotráfico y las agresiones al medio ambiente. En consecuencia, en la campaña Gutiérrez se declaró muy crítico con el Plan Colombia de Estados Unidos para combatir el narcotráfico en el país vecino incidiendo en los medios militares, con el convenio ecuato-estadounidense de noviembre de 1999 para el uso conjunto de la Base Área de Manta, y también con el proyecto del Área de Libre Comercio de Las Américas (ALCA).

En el cierre de campaña, Gutiérrez refutó las imputaciones de “comunista” vertidas por el candidato del Partido Renovador Institucional Acción Nacional (PRIAN), el magnate y antiguo bucaramista Álvaro Noboa Pontón, recalcando que, como hombre de la milicia, no tenía formación ideológica ni doctrina política, que su “única ideología era el pueblo del Ecuador” y que, de hecho, era un hombre de profundas convicciones cristianas, respetuoso con la propiedad privada y los Derechos Humanos.

Según los sondeos de preferencia de los electores, Gutiérrez no tenía seguro el paso a la segunda vuelta y aparecía rezagado con respecto al ex presidente socialdemócrata (1988-1992) Rodrigo Borja Cevallos, de Izquierda Democrática (ID). Pero el 20 de octubre Gutiérrez se adjudicó el primer puesto con el 20,3% de los votos seguido de Noboa y León Roldós Aguilera, del Movimiento Ciudadano. El otro protagonista de la asonada de 2000, Antonio Vargas, compitió por cuenta propia y sólo cosechó el 0,8% de los votos.

En el interludio hasta la segunda vuelta, Gutiérrez aplicó a su discurso un tono más conciliador y menos retórico, para aquietar los temores que sus propuestas programáticas -más que su estilo personal, habitualmente contenido y alejado, por ejemplo, de la exuberancia y la agresividad de Hugo Chávez- estaban suscitando en los operadores económicos.

Gutiérrez amplió su relación de contactos con los actores sociales ecuatorianos, mantuvo reuniones con el presidente saliente y con la cúpula militar, e incluso viajó a Estados Unidos para entrevistarse con empresarios, banqueros y representantes del FMI, a quienes causó una buena impresión al asegurarles que un gobierno suyo respetaría la dolarización, mantendría el diálogo con el organismo financiero sobre un préstamo de contingencia de 240 millones de dólares y cuidaría la austeridad fiscal, un punto este último que, dicho sea de paso, se antoja difícilmente conciliable con la prometida expansión del gasto social del Gobierno.

De paso, Gutiérrez se etiquetó por primera vez como un político de “centro-izquierda”, negó que pudiera ser la tercera ficha de un dominó ideológico en América Latina luego de los triunfos de Chávez en Venezuela y Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, y aclaró que apoyaba la presencia de militares estadounidenses en Manta, todo lo cual generó suspicacias en el movimiento indígena.

El 24 de noviembre, arropado por una masa de enfervorecidos partidarios, Gutiérrez acudió a votar en su colegio quiteño vestido “por última vez” con la indumentaria paramilitar de color verde oliva con que había realizado toda la campaña, y exudando triunfalismo. Al cabo de una jornada electoral impecablemente democrática, el escrutinio otorgó la victoria a Gutiérrez sobre el magnate de Guayaquil con el 54,3% de los votos.

En sus primeros momentos como presidente electo, Gutiérrez anunció un gobierno pluralista y de concertación nacional, con inclusión de representantes de los movimientos sociales al tiempo que banqueros y hombres de negocios de probada honestidad. También indicó que tras asumir iba a enviar al Congreso sendos proyectos de ley para despolitizar los tribunales de justicia, crear la cuarta función del Estado de control y rendición de cuentas, reducir el número de diputados, reformar el código electoral y modernizar el aparato burocrático.

La salida adelante de esta reforma política y estatal se augura complicada, ya que Gutiérrez tendrá que negociar con el atomizado Congreso salido de los comicios del 10 de octubre, los cuales, por cierto, sólo otorgaron 13 escaños sobre 100 a los candidatos del PSP y el MUPP-NP, bien como lista conjunta, bien concurriendo por separado, entre ellos, por Pichincha, la futura primera dama Carmen Bohórquez (aparte, un puñado de candidatos de ambas formaciones obtuvieron escaño en algunas circunscripciones en alianza con partidos de izquierda).

Contrastando vivamente con lo sucedido en las presidenciales, el Partido Social Cristiano (PSC), el PRE e ID, esto es, los partidos dominantes tradicionales, se hicieron con las bancadas más nutridas del hemiciclo. Asimismo, para tranquilizar a los descontentadizos del MUPP-NP a raíz de su viraje a la moderación entre los turnos electorales, Gutiérrez aseguró que no iba a aplicar un paquetazo, es decir, medidas de ajuste traumáticas de la economía, porque “los ecuatorianos no resisten más”.

A modo de análisis prospectivo, el nuevo mandatario ecuatoriano se expone a correr la suerte de otros líderes sudamericanos aupados al poder con muy parecidas o idénticas promesas de luchar contra la corrupción y la pobreza rampantes y que en un tiempo muy rápido han visto evaporarse su popularidad (adviértase el caso del peruano Toledo). Ello, en el caso de que sus esperanzados votantes, que no están homogéneamente repartidos en todos los ámbitos sociales y geográficos del país -ya que predominan abrumadoramente los indígenas y mestizos de la Sierra- no aprecien con prontitud una mejora sustancial en sus deplorables condiciones de vida.

El caso es que la accidentada cuenta atrás para la toma de posesión del mandato cuatrienal el 15 de enero de 2003, a la que asistieron varios presidentes de la región inclusive Chávez y el recién inaugurado Lula de Silva, ha sido vista como un aviso de entrada a Gutiérrez. En los días previos al evento, en el que lanzó la advertencia lapidaria de “o cambiamos al Ecuador o morimos en el intento”, el antiguo uniformado desató una tormenta política con su declaración de que los nueve ex presidentes vivos del país deberían “ir a la cárcel” por su responsabilidad “en el desastre nacional”, y arremetió especialmente contra Febres Cordero (1984-1988), que sigue conservando una fuerte influencia en tanto que jefe del PSC, llamándole “el personaje más nefasto del país”.

Gutiérrez se vio obligado a retractarse de estos comentarios y pedir disculpas públicamente, y también hubo de abandonar su intención inicial de prestar juramente de su cargo, no ante el pleno del Congreso, sino “ante el pueblo”, en un foro alternativo que no especificó. Por si fuera poco, las negociaciones emprendidas con los partidos de la oposición para intentar asegurarse una mayoría de respaldo en el Congreso no prosperaron. Este rosario de tropezones, insólito en un mandatario que ni siquiera había tomado posesión aún, ha merecido duras reprimendas en la prensa ecuatoriana, que ha presentado los tempranos bandazos de Gutiérrez como los propios de un líder impulsivo y bisoño, acostumbrado a las fórmulas autoritarias de la milicia y no familiarizado con las formalidades y mecanismos de la institucionalidad civil.

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Dr. Gustavo Noboa Bejarano

Biografía

Nació el 21 de agosto de 1937, Guayaquil, provincia de Guayas.

Es el segundo de nueve hermanos de una familia de clase media que tiene entre sus antepasados a uno de los efímeros presidentes del Ecuador en los turbulentos años centrales del siglo XIX, Diego Noboa Arteta (1850-1851).

El muchacho recibió toda su formación en su Guayaquil natal, en el Colegio Cristóbal Colón y luego en la Universidad Católica, por la que se licenció en Ciencias Políticas y Sociales. En 1965 obtuvo el doctorado en Derecho en su alma máter y al año siguiente comenzó a impartir clases en la Facultad de Jurisprudencia, Ciencias Sociales y Políticas, en las asignaturas de Derecho Municipal y Derecho Civil, si bien desde 1962 ya venía desempeñando labores docentes en centros escolares.

Fue vicedecano de la Facultad entre 1968 y 1969 y decano en los períodos 1969-1972 y 1978-1980, antes de ser nombrado en 1986 rector de la Universidad, suprema autoridad académica que ejerció hasta 1996. En los años ochenta y noventa se desempeñó también como rector del Blue Hill College, casa de estudios privada perteneciente a la Florida Atlantic University, y como vicepresidente de la Fundación Esquel, dedicada a la formación juvenil, sitos en Guayaquil y Quito, respectivamente.

A sus funciones rectorales en el campo académico Noboa añadió responsabilidades empresariales, como gerente de recursos humanos en la Sociedad Agrícola Industrial San Carlos, del sector azucarero; diplomáticas, como miembro de delegación y embajador plenipotenciario en las negociaciones ecuato-peruanas en Brasilia para resolver el litigio territorial en la frontera altoamazónica; y políticas, terreno en el que se inició en 1983 como gobernador de la provincia de Guayas durante la presidencia del democristiano Osvaldo Hurtado Larrea. En este aspecto, en 1979 Noboa respaldó la candidatura presidencial de Jaime Roldós Aguilera (a quien Hurtado sucedió luego de perecer en accidente de aviación en mayo de 1981), otro destacado jurista y académico guayaquileño que fue decano de la Universidad Católica en los años en que Noboa fungió de vicedecano.

En 1995, en calidad de representante del presidente de la República, a la sazón el conservador Sixto Durán-Ballén, Noboa fue nombrado presidente de la Comisión Interinstitucional para el análisis de la situación de la educación superior en el país, así como presidente de la Comisión de Investigación Científica y Tecnológica del Consejo Nacional de Universidades y Escuelas Politécnicas y miembro de la Junta Constructiva del Ministerio de Relaciones Exteriores. Por otra parte, sus hondas convicciones cristianas unidas a su vocación de enseñante le llevaron a dedicar una parte sustancial de su tiempo a la formación religiosa de jóvenes.

Noboa, católico practicante de comunión diaria, recibió del Vaticano las órdenes de San Silvestre en 1979 y de San Gregorio Magno en 1996, ambas con el grado de comendador papal, y en 1992 la Conferencia Episcopal Ecuatoriana le concedió la Orden Iglesia y Servicio, todas ellas en reconocimiento de sus méritos en la educación en los valores católicos. El Estado ecuatoriano por su parte le otorgó las órdenes al mérito educativo del Ministerio de Educación, en 1992, y al mérito laboral del Ministerio de Trabajo, en 1993. Pasaje curioso de su biografía, Noboa y su esposa se encontraban en la Plaza de San Pedro el mismo día, el 13 de mayo de 1981, en que Alí Agca tiroteó al Papa Juan Pablo II, compartiendo el espanto y la aflicción de los 20.000 fieles congregados en la explanada vaticana por el intento de magnicidio.

Personaje fundamentalmente apolítico y descrito como un académico de carácter bonancible y moderado convertido en honesto servidor público, Noboa desestimó los ofrecimientos de Durán de entrar en su gobierno como ministro de Educación o ministro de Bienestar Social. Su nombre también se barajó para asumir la Presidencia de la República con carácter interino tras la destitución en febrero de 1997 por el Congreso del mandatario salido de las elecciones de mayo y julio de 1996, Abdalá Bucaram Ortiz, pero el consenso de la clase política dirigente sólo se logró en torno el presidente del poder Legislativo, Fabián Alarcón Rivera.

Finalmente, Noboa aceptó formar parte de la fórmula presidencial de Jamil Mahuad Witt, dirigente del partido de centro Democracia Popular-Unión Demócrata Cristiana (DP-UDC), en las elecciones del 31 de mayo de 1998; luego de vencer Mahuad en la segunda vuelta del 12 de julio con el 51,1% de los votos frente al magnate Álvaro Noboa Pontón, aspirante del Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) de Bucaram, Noboa tomó posesión de la Vicepresidencia de la República el 10 de agosto.

Mahuad encomendó a Noboa la reconstrucción de las infraestructuras públicas destrozadas por el fenómeno climático de El Niño, pero pronto salieron a relucir disonancias entre los dos responsables por la política económica de ajuste aplicada por el primero, muy contestadas desde la calle. Cuando el 21 de enero de 2000 Mahuad fue derrocado por una inopinada coalición rebelde de indígenas y militares, la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas y la cúpula política civil se apresuraron a apuntalar el orden de cosas puesto en peligro por unos sectores sociales, hasta entonces marginados, que creyeron conquistar el poder por la vía insurreccional.

Esta vez Noboa fue la figura aceptada por todos para asumir la jefatura del Estado, tal que el día 22 el Congreso, con el respaldo de 87 de los 96 diputados presentes, declaró cesante a Mahuad por abandono de sus funciones e invistió al vicepresidente presidente de la República con mandato hasta el 15 de enero de 2003. Mahuad, escondido y luego huido del país, también aceptó esta salida a la crisis en la persona de su vicepresidente.

Las clases dirigentes y una parte de los estratos sociales medios saludaron el retorno a la constitucionalidad democrática, pero los indígenas y los militares de rangos medios e inferiores que se habían movilizados contra Mahuad se sintieron burlados y utilizados por los políticos tradicionales y los altos mandos militares, quienes convinieron en que una cosa era dejar caer a un presidente impopular cuyas medidas de choque económico (retención de depósitos bancarios) producían crispación social y perjuicio a poderosos círculos empresariales, y otra bien distinta transigir con las pretensiones de la insólita y un tanto caótica asonada indígeno-castrense, que apuntaban directamente a la liquidación del dominio multisecular en todos los ámbitos por las élites blancas.

El coronel Lucio Gutiérrez Borbúa y el quechua y presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) Antonio Vargas Guatatuca, ambos integrantes de la denominada Junta de Gobierno de Salvación Nacional que asumió los poderes ejecutivos el 21 de enero, fueron, respectivamente, arrestado y forzado a la clandestinidad. Vargas no reconoció la legitimidad de Noboa y señaló al general Carlos Mendoza Poveda, ministro de Defensa y sustituto de Gutiérrez en el segundo triunvirato constituido a las pocas horas del primero, el denominado Consejo de Estado, como el cerebro de la reconducción de la sublevación engañosamente triunfante a la situación anterior.

Noboa realizó vagas promesas de justicia social y de prosecución de la lucha contra la corrupción, y llamó a formar una conciencia nacional que, al margen de “partidismos y ambiciones de grupos”, regenerase la función pública y pusiese fin a los inquietantes “gérmenes de descomposición” apreciados en las estructuras políticas, económicas y sociales del país andino. Pero, muy significativamente, anunció que la dolarización total de la economía, emprendida por Mahuad (y detonante principal de su caída) con el objeto de devolver la confianza de los mercados financieros y los inversores privados al sistema económico ecuatoriano, así como la campaña de privatizaciones, seguirían su curso invariable, de manera que el fundamento de ulteriores protestas sociales permanecía inalterable.

La Ley para la Transformación Económica del Ecuador (Trole I, popularmente conocida como ley trolebús), urgida por el Gobierno de Estados Unidos y el FMI, fue aprobada por el Congreso el 24 de febrero con los votos de DP, el Partido Social Cristiano (PSC) y el Frente Radical Alfarista (FRA), y promulgada el 13 de marzo. El texto brindó el marco jurídico para dos grandes transformaciones, la adopción del dólar y la venta de las empresas del Estado, con vocación de ser irreversibles.

Noboa recibió el apoyo de las principales cámaras económicas y empresariales del país para seguir con las reformas estructurales y modernizadoras de una economía diezmada, pero los analistas hicieron notar su estrecho margen de maniobra ante una fase de recesión que para el conjunto de 1999 fue del 7% del PIB, una tasa de desempleo oficial del 17%, un 62% de la población por debajo del umbral de pobreza, el sucre devaluado en un 80% frente al dólar y una inflación interanual del 60%, la más alta de América.

El pesimismo por el porvenir inmediato del país estaba generando un éxodo que sólo a partir del último semestre de 1999 había llevado a 200.000 ecuatorianos de todas las clases sociales -aunque fundamentalmente campesinos, artesanos y pequeños propietarios- sobre una población de 12 millones a abandonar el país con destino preferente a Europa. Para apaciguar las tensiones sociales y para facilitar el diálogo con la CONAIE, Noboa dirigió al Congreso menos de tres meses después de los sucesos de enero una petición de amnistía para los civiles y militares que participaron en la asonada golpista, eximición que fue aprobada por los legisladores el 1 de junio. Un sondeo de opinión realizado poco antes arrojaba un 67% de rechazo popular al enjuiciamiento de los oficiales arrestados.

Con Noboa a su frente, el Ecuador vio realizarse la histórica mudanza monetaria que Mahuad decretó con fatales consecuencias para él. La Trole I legalizó el dólar como moneda de circulación en convivencia con el sucre por un período de seis meses, a cuyo término, el 9 de septiembre de 2000, se produjo la desaparición de la moneda local tras 116 años de existencia y su sustitución por la divisa estadounidense como única reserva de valor, unidad de cuenta y medio de pago y cambio. La cotización establecida por el mercado cuando el gobierno de Mahuad, de 25.000 sucres por dólar, definió el precio del canje, el cual pudo realizarse durante seis meses adicionales. El Banco Central del Ecuador se reservó el derecho a seguir acuñando moneda, pero sólo unidades fraccionarias, equivalentes a centavos de dólar.

La espectacular medida, calificada de “experimento” para todo el subcontinente (Panamá, desde su independencia en 1903, y Argentina, desde 1991, ya estaban dolarizadas parcialmente o en la práctica, pero sin que sus monedas nacionales hubieran llegado a suprimirse), por de pronto provocó una indiscriminada subida de precios que se trasladó a la tasa de inflación acumulada. El año 2000 terminó con un índice medio de inflación del 91%, mientras que la recuperación del crecimiento, el 2,3% para los doce meses, pasó desapercibida para el ciudadano de a pie.

Además, el Gobierno de Noboa debía llevar a cabo una drástica reforma tributaria y luchar contra el déficit fiscal por lo que le tocaba del plan de contingencia acordado con el FMI en abril de 2000 para la liberación de 2.045 millones de dólares de créditos en tres años. La carta de intenciones con el organismo financiero fue recibida como agua de mayo en una situación de virtual quiebra ante los acreedores internacionales a raíz de la moratoria, declarada por Mahuad, del pago de los intereses de la deuda externa, cuyos montantes superaban los 13.000 millones de dólares. Y es que numerosos analistas estaban advirtiendo que sin unas finanzas saneadas y los índices de productividad sumamente mejorados, el anclaje en el dólar podría arrastrar a la economía ecuatoriana al pozo sin fondo de la iliquidez, como en Argentina, e incluso al fenómeno fatal de la estagnación, o inflación sin crecimiento.

El interminable reajuste de los precios al alza y la penuria de dólares en la calle se confabularon para reactivar la protesta indígena a principios de enero de 2001, llevando a Noboa a declarar el estado de emergencia, que lleva implícita la suspensión de derechos fundamentales, el 2 de febrero. Los observadores del caso ecuatoriano predijeron que esta vez no se repetiría lo sucedido con Mahuad hacia justo un año, ya que Noboa contaba con el sostén de las Fuerzas Armadas, los principales partidos políticos y el empresariado.

El 7 de febrero, tras unas jornadas de gran tensión en las que varios militantes de la CONAIE fueron muertos por las fuerzas del orden público en Quito, Noboa y Vargas alcanzaron un compromiso para cesar las protestas a cambio de una rectificación parcial por el Gobierno en las recientes subidas de las tarifas de los combustibles, el gas doméstico y el transporte público, y la congelación de otras alzas anunciadas pero aún no aplicadas, como el incremento del IVA del 12% al 15%.

Superado el enésimo disturbio social, Ecuador se adentró en un período de sosiego expectante, con la mirada puesta en las elecciones generales de 2002, al que ayudó la constatación de los primeros efectos positivos de la dolarización. Así, al Gobierno le cupo la satisfacción de anunciar que en 2001 la economía, merced al recorte de los tipos de interés, el repunte de las inversiones y el mantenimiento de los precios internacionales del petróleo, creció el 5,6%, la tasa más elevada de América Latina, y que la inflación se redujo hasta el 22,4%.

Claro que los analistas económicos se encargaron de señalar la otra cara de la tendencia. Así, en el primer semestre de 2002 se registró un drástico vuelco en la balanza comercial, que del superávit de 1.500 millones de dólares de finales de 2000 pasó a tener ahora un déficit de 800.000 dólares. Otra consecuencia perniciosa de poseer una moneda fuerte ha sido la caída de los ingresos por el turismo, la tercera industria generadora de divisas en el Ecuador. Por lo demás, para la gran mayoría de la población seguía sin verse por ninguna parte una mejora sustancial en sus condiciones de vida, siendo cada día que pasaba menor el número de ecuatorianos que no estban golpeados por la pobreza, el paro, los salarios deplorablemente bajos o el desarraigo campesino.

Frente a este panorama desalentador de las posibilidades de creación de riqueza nacional, Noboa y los demás responsables públicos basaron todas las esperanzas de incrementar los ingresos fiscales y de suavizar la asfixiante dependencia financiera del exterior en el nuevo Oleoducto de Crudos Pesados (OCP). Comenzado a construir en junio de 2001 por un consorcio de empresas americanas y europeas, esta tubería con arranque en los pozos de Nueva Loja (Sucumbíos) y Baeza (Napo) y con terminal de embarque en Esmeraldas, deberá estar lista en julio de 2003 y se espera de ella que duplique las exportaciones petroleras ecuatorianas, hasta la marca de los 720.000 barriles diarios. El proyecto ha levantado una fuerte oposición de organizaciones campesinas y ecologistas, que hablan de ruina y de devastación para las comunidades rurales y los ecosistemas afectados.

Durante la presidencia de Noboa el programa de privatizaciones tuvo un avance prácticamente nulo, volviéndose a presentar los imponderables del escaso interés suscitado hacia las empresas de servicios del Estado entre los operadores extranjeros, la movilización en contra de los colectivos laborales afectados y las inconsistencias legales del proceso en sí. En el sector de las telecomunicaciones, las sociedades anónimas de capital estatal Andinatel y Pacifictel entraron oficialmente en régimen de libre competencia el 1 de enero de 2002, pero los concursos para su venta tuvieron que declararse desiertos. Por lo que respecta al sector eléctrico, la privatización de las 17 compañías autónomas de distribución salidas de la fragmentación del extinto Instituto Nacional de Electricidad (Inecel) se encalló por las impugnaciones desde diversas instancias contra el procedimiento definido por el Gobierno.

Precisamente, el hermano del presidente quince años menor, Ricardo Noboa Bejarano, antiguo diputado del Congreso con el PSC y candidato presidencial en las elecciones de 1996 por cuenta del FRA, dimitió en julio de 2002 como presidente del Consejo Nacional de Modernización (CONAM), a cuyo frente le había colocado su pariente el 2 de febrero de 2000, luego de recibir duras críticas a su gestión de las licitaciones en los sectores eléctrico y de telecomunicaciones. Otro hermano, Ernesto, gerente general de la Corporación Jabonería Nacional, S.A., fue señalado por algunos medios hostiles al Gobierno como el principal beneficiado de la polémica resolución del Ministerio de Salud en abril de 2000, que metió a los dentífricos en la categoría de medicamentos, lo que exoneró del pago de tarifas a las empresas importadoras de unos productos que, apenas cabe dudar, son de higiene elemental.

Otro empellón a la imagen del presidente Noboa fue la renuncia el 23 de junio de 2002 de su ministro de Economía y Finanzas, Carlos Julio Emanuel, después de que varios alcaldes acusaran a funcionarios de su ministerio de exigir sobornos a cambio de liberar partidas presupuestarias para sus municipios. La dimisión de Emanuel se produjo cuando dirigía unas cruciales negociaciones con el FMI para la obtención de un crédito stand by (esto es, de desembolso inmediato) de 240 millones de dólares, el cual debía abrir las puertas para renegociar 80 millones de dólares con el Club de París y para obtener desembolsos adicionales, totalizando 300 millones de dólares, con los organismos multilaterales de crédito.

Dos meses después, la Corte Suprema de Justicia ordenó al arresto de Emanuel a petición de la Contraloría General del Estado por un presunto delito de falsificación de documentos. Después de dejar su cargo, Emanuel declaró que los hermanos Noboa eran los que ordenaban toda modificación en los presupuestos manejados por su oficina, pero Ricardo Noboa replicó que las declaraciones del ex ministro constituían meramente una “venganza” contra el Gobierno, ya que fue, precisamente, su hermano el presidente quien había desbaratado la red de corrupción en el Ministerio de Economía.

De puertas afuera, cabe destacar la organización por Noboa de la II Cumbre Sudamericana, celebrada en Guayaquil el 26 y el 27 de julio de 2002. El 19 de septiembre del mismo año, el mandatario ecuatoriano recibió en Washington del actor de cine tetrapléjico Christopher Reeve el Premio Internacional F. D. Roosevelt de Discapacidad y un cheque de 50.000 dólares, en reconocimiento de la labor del Gobierno de Quito en favor de los derechos y la reinserción en la vida productiva de los discapacitados.

Sin mayor novedad, el 15 de enero de 2003 Noboa cesó en sus funciones con la toma de posesión de Lucio Gutiérrez, el ex coronel golpista cuyo exitoso y fulgurante desembarco en la política regular culminó con su victoria en las elecciones del 20 de octubre y el 24 de noviembre de 2002.

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