LA MALA COMIDA PUEDE SER ADICTIVA


¿Hay comidas que sean más adictivas que otras?

Según parece sí, la denominada comida chatarra, con alto nivel de grasas y calorías, sería más adictiva.Además, la compulsión a comer en exceso, que es el camino a la obesidad, estaría sujeta al mismo mecanismo biológico que opera en la adicción a las drogas.

Estas son las conclusiones de un reciente trabajo publicado en Nature Neuroscience por científicos de la Universidad de Florida, en los Estados Unidos.

La alimentación, tanto en los animales como en los seres humanos, está influenciada por los estímulos de placer y recompensa que envían centros cerebrales específicos cuando se ingiere comida. Se trata de un mecanismo poderoso que motiva el comportamiento que lleva a alimentarse. Pero aún no se conoce muy claramente cómo ese mecanismo puede contribuir a la obesidad.

En el trabajo de investigación que hicieron con animales de laboratorio, los científicos estadounidenses mostraron que cuando los centros de placer del cerebro se vuelven menos sensibles, los animales desarrollan rápidamente el hábito compulsivo de comer en exceso cantidades crecientes de alimentos con alto contenido de calorías y alto contenido en grasa, hasta llegar a la obesidad.

Según se conoce, una parte del cerebro que tiene influencia sobre la alimentación es el cuerpo estriado. Se trata de una masa de sustancia gris y blanca situada frente al tálamo en cada hemisferio cerebral. En los humanos el cuerpo estriado es activado por estímulos asociados con la recompensa, y también por estímulos aversivos, nuevos, inesperados o intensos. En esto intervienen los receptores de dopamina, un neurotrasmisor que tiene muchas funciones en el cerebro, incluyendo papeles importantes en el comportamiento y la cognición, la actividad motora, la motivación y la recompensa, la regulación de la producción de leche, el sueño, el humor, la atención, y el aprendizaje.

Recientemente se ha demostrado que la activación del cuerpo estriado en respuesta a alimentos muy apetecibles está algo disminuida en las personas obesas en relación con las delgadas. Y los científicos piensan que el déficit en este proceso de recompensa cerebral puede ser un factor importante para el desarrollo de la obesidad. Es decir, los individuos obesos comerían compulsivamente alimentos apetecibles para compensar su menor sensibilidad a los estímulos de recompensa provenientes de esa región cerebral.

No obstante, no está claro aún si ese déficit sería algo constitutivo de la persona que precedería a la obesidad, o si el consumo excesivo de alimentos apetecibles produciría luego una disfunción en el sistema de recompensa. Una característica de las personas con sobrepeso y obesas es que continúan comiendo a pesar que de conocen las consecuencias negativas que esto tiene para su salud. Muchos individuos con sobrepeso expresan su deseo de controlarse, pero aunque luchan por regular lo que ingieren, consumen más calorías de las que necesitan reponer. En este sentido, el desarrollo de un comportamiento alimenticio insensible a las señales negativas es análogo al comportamiento compulsivo respecto al consumo de drogas.

En su investigación, los científicos de la Universidad de Florida estudiaron cómo afectaba el acceso extenso a una dieta apetecible alta en grasas la sensitividad del sistema cerebral de recompensa en ratas de laboratorio. También examinaron el vínculo entre la desregulación inducida de la dieta y la emergencia de la búsqueda compulsiva de comida. Y por último, el rol que tenían los receptores de dopamina del cuerpo estriado sobre estas respuestas adictivas del comportamiento.

Los resultados indicaron que una sobreestimulación de los sistemas cerebrales de recompensa a través de un consumo excesivo de alimentos apetecibles de alto contenido energético, características propias de la comida chatarra, inducen un profundo estado de hiposensibilidad a los estímulos de recompensa y desarrollan el comer compulsivamente.

Según los investigadores, esas respuestas de comportamiento en las ratas obesas probablemente provienen del déficit que induce ese tipo de dieta en las señales del núcleo estriado relacionadas con los receptores de dopamina.

El excesivo consumo de drogas también produce un efecto de disminución de la densidad de los receptores de dopamina en el núcleo estriado, e induce un profundo estado de hipofuncionamiento del sistema de recompensa cerebral que dispara la emergencia del comportamiento compulsivo. En tal sentido, el hallazgo de los científicos de la Universidad de Florida apoya también suposiciones de trabajos anteriores: la obesidad y la adicción a las drogas surgirían de respuestas neuroadaptativas similares relacionadas con los circuitos de recompensa cerebrales.

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