No nos libraremos del libro


Umberto Eco

El semiólogo y novelista Italiano Umberto Eco (1932), distinguido crítico literario y comunicólogo que empezó a publicar sus obras narrativas en edad madura (aunque en conferencias recientes cuenta de sus experimentos juveniles, los que incluyen la edición artesanal de una caricatura en la adolescencia), y quien en 1980 se consagró como narrador con “El Nombre de la Rosa”, novela histórica culturalista susceptible de múltiples lecturas (como novela filosófica, novela histórica o novela policíaca, y también desde el punto de vista semiológico), que fue llevada al cine por Hollywood y estelarizada por Sean Connery, afirmó recientemente: “No esperen liberarse de los libros”, una argumentada defensa del papel como soporte de las ideas y la creación frente a los soportes digitales, fruto de un debate con el cineasta francés Jean Claude Carriere.

En la conferencia de prensa Eco dijo: “si tuviera que dejar un mensaje a posteridad para la Humanidad, lo haría en un libro en papel y no en un disquete electrónico”. Eco comentó haber visitado la Biblioteca Nacional donde vio “libros que tienen 500 años de antigüedad y, si considero los manuscritos, he visto algunos ejemplares escritos hace 1.000 años”. Añadió que en realidad nadie sabía cuánto podría durar el disquete de una computadora, teniendo en cuenta que los discos flexibles desaparecieron prontamente dando paso a otras tecnologías. “En cualquier caso, hemos escrito un libro de 350 páginas para argumentar la larga vida que aguarda al libro en papel los nuevos medios de expresión surgidos a lo largo de la historia, no han matado o han eliminado a los anteriores; desconocemos todavía la dimensión del fenómeno de Internet. Ahora bien, en un libro o en una obra de teatro sabemos quién es el autor o la tendencia ideológica, mientras que en el Internet se presta a una especie de mermelada comunicativa en la que todos hablan igual, como sucedió con las emisoras de radio hace unos años. No le deseo ni a mi peor enemigo leer las obras completas de Proust en formato electrónico. Pero leer el periódico en un libro electrónico, mientras se viaja en tren por ejemplo, puede resultar muy cómodo. El libro electrónico tiene más posibilidades de sustituir al periódico que al libro tradicional”, dijo quien actualmente bordea los 80 años de edad.

 

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